No solo son líneas de código en la carrera

En los primeros años de formación como profesional, se dan batallas dignas de películas ambientadas en el imperio romano, a los retos de programación que los módulos ofrecían. Pero los estudiantes de bioinformática no sólo trazan líneas de códigos, también han trazado líneas en partidos. El bioinformático futbolero, no se achica contra nadie, quedó más que claro desde el inicio de esta historia. Dando lugar a batallas mucho más pasionales y más trascendentales en la vida de un grupo de estudiantes de Bioinformática y estas tuvieron lugar en canchas de fútbol.

Rememorando uno de los primeros equipos conformado por varias figuras, que hoy en día muchos son profesionales. Recordando nombres como: Moscoso, Mauricio, Jota, Rob, Tatán, Atiliano, entre muchos otros. Esta conformación logró conseguir un ascenso y la primera y tan codiciada copa del campeonato de Inter-Escuelas de la Universidad de Talca, llegando a la serie de Honor de este mismo. Consiguieron una victoria que marcaría la historia del fútbol bioinformático y sellando un largo camino de esfuerzos. Hubieron partidos que terminaban en goleadas en contra de este equipo. Pero el sabor del triunfo, no se los quitaría nada ni nadie.

 

Para el siguiente campeonato, los muchachos se prepararon nuevamente. Existía una nueva meta en sus cabezas. Después de lograr el ascenso, los mismos jugadores llegaban a una nueva instancia donde las cosas del fútbol les traería una sorpresa, siendo de esas sorpresas que amargan hasta al más valeroso guerrero. Mostrando un juego de categoría, se enfrentaron al equipo de ‘Los Más Sueltos’, donde fueron apabullados en un partido hostil, semejante a los circos romanos de antaño. La moral se perdió y siendo sinceros, no hubo mucho que hacer en la cancha. ¡Siete goles a cero! fue el resultado que catapultó las ansias de volver a formar el equipo y al mismo tiempo, indicó a muchos a colgar los botines. Las consecuencias fueron determinantes; El equipo desapareció por dos largos años y el fantasma de la derrota no iba a desaparecer tan fácilmente.

Por lo pronto, llegó el año 2014, y una nueva generación de alumnos de Bioinformática tuvo la motivación de formar un nuevo equipo. Pero hubieron ciertas limitantes, no había quórum, ni talento, pero la voluntad expelía de los poros. Entre la motivación y la proximidad de una nueva fecha del campeonato de Futsal en la Universidad, existió una ventana que iluminó a este grupo. Con toda la fé del mundo, inscribieron al equipo en esta nueva modalidad, que sin conocerla no los atemorizó. Existía el ruedo de un balón de por medio, y eso bastaba para querer concretar la formación de un nuevo equipo lleno de ilusiones.

El proceso ha sido parecido a todo lo que vivió el equipo que consiguió la primera copa en Fútbol. En la primera instancia del torneo de Futsal, fueron el cuadro más goleado del campeonato. Por esto, las personas que fueron parte de este nuevo proceso, fueron testigos de que realmente, en la vida todo se trata de ir de menos a más, y así fue por lo menos por los siguientes dos torneos; un rendimiento pobre, un equipo que  no destacaba, ganaban uno que otro partido, pero seguían sin brillar, sin convencer, y algunos miembros de este grupo, decidieron no perder más el tiempo y abandonaron el equipo. Mientras otros que siempre creyeron, como cabe mencionar a: Nicolás, Gonzalo, Raúl, Fabián y Atiliano se la jugaron una vez más por el sueño de todos, y esta vez, todos los devotos en este nuevo proyecto futbolístico, los que en algún momento de su formación profesional supieron sobreponerse a nuestros primeros desafíos de programación, de pseudocódigo a orientación a objetos, de la biología básica hasta los estudios de rutas metabólicas, de la matemática de la enseñanza media a las integrales triples, así fue como  fueron capaces de ser resilientes y sobreponerse a todo lo adverso que vivieron, siento este último grupo el que se preocupó de fomentar la responsabilidad, de conseguir nuevos refuerzos para el equipo, con la llegada de la generación 2016, se unió al equipo un grupo de compañeros comprometidos y ‘buenos para la pelota’; Ricardo, Torres y Francisco. En esta parte de la historia, se generó una nueva ventana de esperanza, una nueva oportunidad, un viento que trajo consigo aires de fútbol fructífero, emocionante y así sucedió.

Hasta el día de hoy, se caracteriza por ser un equipo conciso, con convicción y por sobre todo, un buen juego de equipo. Se ha renovado la pasión de antaño, muchos esperan que llegue el día para pisar el pasto sintético de las canchas. Muchos no van a clases por jugar, asumiendo el compromiso que eso requiere. El máximo logro de este equipo ha sido clasificar como primeros de su grupo y llegar hasta semifinales, siendo los penales aquellas tijeras que cortaron sus alas.

Este último grupo, que ha recuperado las esperanzas de la hinchada y se para en la cancha para enfrentar a cualquiera. Liderados por Atiliano, junto a compañeros de distintas generaciones y estudiantes de otras carreras, han logrado convencer al ambiente futbolero de la universidad, con un equipo consolidado y competitivo. Si bien, los logros han sido menores, es gratificante verlos jugar. No han logrado ganar un campeonato aún, pero pronto lo harán. Porque la perseverancia tanto en lo académico como en lo extra-académico es fundamental. De eso se trata, cinco minutos antes del partido, se trazan líneas, no se escriben, no son de códigos en algún lenguaje informático, es la formación para salir a la cancha a dar la vida en cada balón. Cinco son los compañeros que se olvidan por un momento de los módulos, del fin de semestre, de la prueba de mañana, y de la guía que hay que entregar en el mismo día del partido. Ellos entrarán a pelear con todo, para conseguir el tan anhelado triunfo en el terreno de juego, y por sobre todo, volver a posicionar al equipo de la carrera de Bioinformática en el podio de los mejores, aquél donde se les ha negado en incontables ocasiones estar.

Redactado por: Gonzalo E.

 

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